La Paz de las Mujeres

Esta mañana Sylviane Dahan, Gemma Lienas, Tere Mollá y Beatriz Silva han presentado el manifiesto ‘La Paz de las Mujeres’ que se posiciona contra la trata y la prostitución y que busca sensibilizar sobre la situación de las mujeres que sufren explotación sexual. El manifiesto ha recibido el apoyo de 100 firmas de personas como Mabel Lozano, Victoria Camps, Ana de Miguel, Icíar Bollaín, Mar Serna, Beatriz Gimeno, Argelia Queralt, Lluís Rabell, Amelia Tiganus, Laura Freixas, Carlos Jiménez Villarejo o Manuel Cruz.

Su propósito es hacer visible que las mujeres tienen el derecho a no ser prostituídas, que somos víctimas de un gran negocio, el que se mueve en torno a la industria de la prostitución que moviliza tanto dinero como el tráfico de armas y somete a mujeres pobres o vulnerables y sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de luchar contra la trata y la explotación sexual.

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La Paz de las Mujeres

Este último 8 de Marzo una nueva generación de mujeres ha irrumpido masivamente en las calles, levantándose contra los abusos, violencias y discriminaciones machistas, y enarbolando una exigencia de igualdad que ya nadie podrá ignorar. He aquí una oleada de fondo que puede significar el alba de un cambio histórico, de un salto hacia adelante y de una transformación radical de nuestras sociedades democráticas.

Sin embargo, al mismo tiempo, en unas proporciones y con un alcance que sólo los avances tecnológicos y organizativos de la globalización podían permitir, asistimos a una fuerte reacción contra los anhelos de emancipación y de equidad de las mujeres. En el corazón de una tenaz resistencia de la secular dominación masculina late lo que se ha convertido ya en una auténtica guerra contra las mujeres. Una guerra que no ha sido declarada formalmente en ningún lugar… pero que, sorda, constante y devastadora, se libra en todo el mundo y también en nuestro país.

Cada año, millones de mujeres y niñas son objeto de trata con finalidad de explotación sexual, alimentando el comercio más infame y provechoso del planeta. Hoy, las industrias del sexo representan volúmenes de negocio equiparables al tráfico de armas o a la industria petrolera. España y, singularmente, Cataluña, son lugar de tránsito y destino para muchas de estas mujeres que, coaccionadas por las mafias proxenetas, empujadas por la pobreza, víctimas de violencias familiares o de un itinerario vital caótico, se ven abocadas al mundo de la prostitución.

Nuestra sociedad debe tomar conciencia del sufrimiento humano que se esconde tras los neones de los prostíbulos de carretera, en los discretos pisos burdel de nuestras ciudades, tras los anuncios de Internet o en las inhóspitas calles de algunos polígonos industriales.

Estamos hartas de escuchar que “no debemos confundir trata y prostitución”. Hay trata porque existe prostitución. Y porque, lejos de aparecer como una seductora oportunidad profesional para las mujeres, la demanda de este mercado en continua expansión sólo puede ser satisfecha mediante violencia y engaños.

Del mismo modo, rechazamos las tramposas discusiones acerca de una prostitución “forzosa” – que habría que perseguir y otra “voluntaria”, susceptible de ser regularizada. La prostitución se nutre de contingentes de mujeres pobres, procedentes de regiones económicamente deprimidas y, con frecuencia, pertenecientes a minorías étnicas. Una realidad que pone de relieve e sinsentido de los discursos sobre la libertad. No, la prostitución no es “el oficio más viejo del mundo”, redescubierto por una postmodernidad que incluso ha llegado a ver en él un camino de “empoderamiento” de las mujeres, sino la institución patriarcal más antigua, vector de racismo y de clasismo. Y, en nuestros días, todo un paradigma de connivencia entre capitalismo y crimen.

La verdadera cuestión que la prostitución plantea a nuestra sociedad es la de la igualdad. Sin igualdad, no sólo jurídica – de la que muchas de estas mujeres carecen -, sino también material y efectiva, la invocación del libre albedrío no hace más que enmascarar la opresión.

¡Basta ya de pervertir conceptos forjados por décadas de lucha feminista! El “derecho al propio cuerpo” no tiene nada que ver con su mercantilización. Ni con la negación del deseo de la mujer, a quien la prostitución transforma en un mero objeto, al servicio de una afirmación ritual y enfermiza de la masculinidad.

¡Y basta ya de manipular el dolor de las mujeres, jugando con las palabras y conminándonos a no hablar de “víctimas”! La condición de víctima no constituye una identidad. Hay víctimas porque existen verdugos. Supuestamente consentido o no, un crimen es un crimen. En cualquier circunstancia, la compra de favores sexuales certifica una relación de desigualdad.

Las dimensiones e impactos de la prostitución – y de cuanto está asociado a las industrias del sexo, como una pornografía omnipresente y denigrante para las mujeres – hacen que no podamos diferir por más tiempo una toma de posición como sociedad. Se trata de decidir si consideramos legítimo perpetuar un privilegio ancestral de los hombres que les permite acceder, mediante el dinero, al cuerpo de las mujeres.

Aceptar este privilegio – legalizando la prostitución como si se tratara de “trabajo sexual” – supondría admitir la necesidad de perpetuar, renovar constantemente y ampliar una reserva de mujeres, puestas a disposición de los caprichos sexuales de los hombres. La aceptación de este privilegio dejaría a millares de mujeres sin defensa ante unos proxenetas convertidos en “empresarios”… y ante unos prostituidores legitimados como “consumidores”. Pero, a su vez, significaría poner también en cuestión todas las políticas de igualdad y los esfuerzos educativos en este sentido, minando las conquistas sociales del mundo del trabajo y, finalmente, gangrenando los fundamentos de la propia sociedad democrática. Sin olvidar, por cuanto se refiere a niños y niñas,   la   inducción   de   comportamientos    sexuados   que   no corresponden a su desarrollo psicológico y sexual.

No se trata de una discusión corporativa, como pretende hacer creer la propaganda multiforme de las industrias del sexo. La intolerable situación de las mujeres en situación de prostitución es la parte más inmediata del problema. Pero se dirime también el futuro de miles y miles de mujeres pobres y de niñas, llamadas a reemplazarlas mañana… o a sumarse a ellas. Se trata de la posición de todas las mujeres. La legitimación del comercio sexual las convierte en prostituibles: si admitimos que una mujer sea comprada, todas devienen susceptibles de serlo.

Hoy, tomamos la palabra para demandar cambios legislativos y políticas públicas a la altura de las circunstancias. Queremos poner fin a esta contienda devastadora e instaurar una auténtica paz de las mujeres, tal como reclamaron hace años las feministas de los países nórdicos, denunciando la prostitución como una moderna esclavitud y una violencia estructural contra las mujeres. Así, pues, reclamamos:

  • Que se desplieguen programas educativos y de formación en la igualdad en todos los ámbitos, desde la escuela a la función pública. Que se promuevan políticas específicas de prevención y de lucha contra la exclusión
  • Un combate reforzado contra el proxenetismo y la trata, poniendo por delante la protección de sus víctimas.
  • La despenalización completa de las mujeres en situación de prostitución. La puesta en marcha de programas sociales de apoyo y formación, a fin de ayudar a todas aquellas mujeres que voluntariamente quieran acogerse a ellos a salir del mundo de la prostitución y a reconstruir su autonomía vital.
  • La penalización de la compra de servicios

En una palabra: pedimos a los poderes públicos, a nuestros gobernantes y representantes parlamentarios, que se pongan al lado de las mujeres y que asuman el combate que marcará el destino del nuevo siglo: el combate por la igualdad. Les pedimos que tengan la valentía de poner a la sociedad ante el espejo de las miserias que debe superar, de las lacras que debe erradicar. Queremos que nuestro país se sume al grupo, cada vez más numeroso, de Estados democráticos que apuestan por una sociedad libre de trata y de prostitución.

Barcelona, 15/10/2018

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