La angustiosa espera de Israa al-Ghomgham

Hace pocas semanas numerosos medios de comunicación se hicieron eco de la falsa ejecución de la activista saudí Israa al-Ghomgham. Detenida el 6 de diciembre de de 2015 por participar en una serie de protestas en las que se pedía cosas como, por ejemplo, que el testimonio de un chií fuera aceptado en el curso de un juicio. El caso no pasó de las numerosas manifestaciones de pesar por la barbarie saudí, como mucho alguien hizo una sesuda reflexión sobre la enorme capacidad de las redes sociales para difundir bulos. Luego el tema se olvidó, al fin y al cabo la imagen de una cabeza ensangrentada de mujer rodando por el suelo no es que sea algo especialmente agradable de visualizar.

Así que una vez escandalizados preventivamente, nos callamos. Decidimos no hacer nada, precisamente cuando más cosas se deberían hacer para apurar las escasas posibilidades de salvar el cuello de una mujer condenada por filmar y difundir por las redes sociales una serie de protestas de la minoría chií en Arabia Saudita. El delito por el cual ha sido condenada a muerte es, según el juez “dar soporte moral a los manifestantes  e inflamar a la opinión pública con la exhibición de las imágenes”.

La corte tomará una decisión definitiva el próximo 28 de octubre, tiempo suficiente para que  algunas organizaciones, como Human Rights Watch o Amnistía Internacional, denuncien su situación y para tratar de explicar a los gobiernos occidentales que la lucha por la democracia en Arabia Saudí pasa por presionar al rey Salman, a quien reporta directamente el fiscal del caso, para conseguir la liberación de Israa y otros defensores de los derechos humanos, más que por venderle armas con las que masacrar inocentes en Yemen.

Israa al Ghomgham puede convertirse en pocas semanas en la primera activista en favor de los derechos humanos ejecutada en Arabia Saudí. Nuestro silencio transmite el triste mensaje de una indiferencia, que fortalece la impunidad brutal de un gobierno decidido castigar con la muerte cualquier forma de disidencia.

Jaume Moreno
Periodista
@emetent


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