La ablación: 140 millones de mujeres sometidas a una forma cruel de dominio

Más de 140 millones de mujeres han sido sometidas a ablación en el mundo. Esto es la mutilación total o parcial de sus genitales por motivos no médicos, como un simple mecanismo de control sobre el cuerpo de la mujer. Existen tres tipos de mutilación: la extirpación total o parcial del clítoris, la eliminación total o parcial clitoridiana y de los labios o la mutilación de los genitales femeninos en su conjunto.

Una realidad tremendamente dura. A muchas de las mujeres que se han sometido a esta práctica sólo les queda un pequeño orificio para orinar, por el que a menudo ni tan solo puede salir la menstruación. Aisa no explica como en estas condiciones el sexo con el esposo es una auténtica tortura, “las mujeres sienten pánico a que llegue la noche, no solo por la incapacidad de sentir nada en el momento de la cópula, sino por el profundo dolor que produce”. Pero tal vez el problema más grave sea el enorme incremento de mujeres muertas a la hora de dar a luz por la obturación consecuencia de esta práctica.

¿Quién decide que se lleve a cabo una ablación? “normalmente la madre del padre, es decir, la abuela de la niña”, responde Aissa. ¿Por qué las madres aceptan esta práctica? “Porque no hacerlo supone condenar a la hija no sólo a un encontrar marido, algo fundamental en nuestra cultura, es algo mucho peor, es condenarla a quedarse al margen de la comunidad”. La simple y pura marginación. Es el “solillo”. Ningún hombre se casará con ella, nadie compartirá mesa, nadie comerá nada de lo que cocine.

Este sentido de pertenencia a la comunidad pervive en la distancia. Los inmigrantes en Europa siguen con esta práctica, en primer lugar porque no es fácil integrarse en la nueva comunidad y en una cultura diferente. Como recuerda uno de los asistentes al debate, la integración no consiste solamente en realizar muestras gastronómicas y espectáculos de música, es algo mucho más profundo. Tal vez podamos llamarlo tener arraigo, quizá aceptación, seguramente estas dos cosas y algunas más que no somos capaces de explicar. Ni siquiera de percibir, pero que hacen que la comunidad de los migrantes siga estando en sus países de origen. Y que sean las costumbres de esa comunidad las que prevalezcan.

De hecho una de las mujeres más importantes de la comunidad es la responsable de practicar las ablaciones, una responsabilidad que pasa de madres a hijas. Muchas de ellas viven en Europa y siguen ofreciéndose a practicar la ablación a quién lo solicite.

Pero el auténtico miedo viene cuando las hijas o las sobrinas realizan un viaje a África. Muchas veces acompañadas de alguna familiar que al regresar explica a la madre que “le han hecho un favor”. La forma de evitarlo es económica. Al menos para las que viven en Europa. “una de las maneras de conseguir que nuestras hijas no sean sometidas a la ablación es decir a las familias que nos pueden condenar a la cárcel, y eso supone que no podrán recibir las remesas de dinero que reciben cada mes”. Otra posibilidad es ni viajar, pero los lazos familiares son fuertes “¿Cómo le puede decir a nadie que no le dejo ver a su nieta o a su sobrina?” se pregunta Diallo.

En África la situación es aún peor. Hasta el 97% de las mujeres han sido víctimas de la ablación en países como Guinea, Gambia, Burkina Fasso, Sierra Leona o Mali. A pesar de que todos ellos han prohibido esta práctica, la realidad dice que sigue practicándose de forma generalizada y que aquellos pocos que tienen posibles la efectúan a menudo en los hospitales.

A menudo vinculada con el islam, está práctica está por encima de las religiones. De hecho Diallo nos recuerda que en Guinea, su país, está mucho más arraigada en las comunidades cristianas o animistas que en la musulmana. “De hecho es algo que cuesta dinero, así que en las comunidades cristianas de Guinea dejan tiempo a que la mujer pueda conseguirlo, por eso la ablación puede producirse entre los 14 y los 46 años”. Ello a pesar de que la ablación lo que significa es que la mujer está lista para casarse. “En estas comunidades la ablación puede llegar a producirse incluso después de haber tenido el primer hijo”. Y la razón de fondo siempre es la misma. Hasta que no se produce, una mujer no es miembro de pleno derecho de su comunidad.

Si el fondo no es religioso ¿Cuál es el origen de la ablación? Evidentemente es una forma de dominación, una manera de convertir a la mujer en una pura y simple posesión del hombre. Saberlo a ciencia cierta es casi imposible, pero una de los asistentes a la charla quizá acierte al afirmar que el nexo común de los países donde se produce la ablación es que han sido lugares donde históricamente ha estado arraigada la poligamia. Eliminar la capacidad de sentir placer y el control de las mujeres sobre su propio cuerpo podía ser un magnífico instrumento “para superar el problema de satisfacer a cuatro, cinco o incluso seis mujeres, o simplemente de seguir siendo el hombre de la familia delante de ellas”. Al final, como casi siempre, es un juego de dominio.

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